sábado, 1 de septiembre de 2012

Prefacio:


Es fácil tomar un arma y luchar. Asestar la muerte a otros que defienden su persona, y luchar contra la misma muerte es imposible... a no ser que él te de una oportunidad. Hades, el dios del inframundo, el que controla y decide los hilos de nuestras vidas, el culpable de que yo, Alister, sirva a los dioses. Soy su actual esclavo, sin poder ser liberado, porque si pido mi libertad, me arrebatan mi vida. Como oís, me arrebatan mi segunda vida, una vida que me otorgaron tras mi muerte en Esparta. Lo que no me explico es el por qué, ¿por qué me dieron de nuevo la vida, quién se ofreció para que yo vuelva de entre los muertos?...


- Alister, despierta. Alister... –
- Mamá, padre no despierta... –
- No hija, padre está descansando... ve a casa y trae agua del pozo –

La pequeña se alejo del acantilado y se dirigió a la pequeña población. La mujer de Alister se arrodilló ante el cuerpo de su esposo y lo abrazo. Sollozo hasta no poder más, y de que sus lágrimas de ayuda llegaran hasta el mismísimo Olimpo. Como una petición de ella, algo atravesó el cielo y se plantó frente a ella. La mujer se seco las lágrimas y se levanto de la tierra para acercarse a esa luz radiante que había parado ante ella. Cuando la quiso tocar, algo emergió de la luz. Un brazo la agarró de la muñeca, y un cuerpo de un hombre salió. De aspecto olímpico y vestido con una túnica negra, se inclino ante la mujer y la beso en la mano como saludo. Se quedó atónica al reconocer su rostro, el mismo busto de piedra que acompaña en una escultura de los dioses. Hades. El dios del inframundo.

- Hades... –
-Hemos oído tus lamentos, mortal. Vengo a ayudarte –
- Yo no he pedido ayuda... – le dijo –
- Tu marido ¿no? – Indico Hades al cadáver – Sabes que podemos darle una segunda oportunidad, ¿no? –
- ¿De nuevo darle la vida...? – sus ojos se iluminaron como dos luceros, pero conocía las consecuencias. Al hacer un trato con un dios del Olimpo, había que darle algo a cambio, y ella no era muy desdichada en bienes – No tengo nada que te pueda servir –
- Bueno, hay algo que me interesa mucho de ti, mortal. Tu vida –
- ¿Mi vida?... ¿a cambio de la suya? – se cuestiono lo evidente. Hades asintió, y extendió su brazo para cerrar el trato. Estuvo pensando un instante, pero cuando escuchó la voz de su hija viniendo, tomo una decisión que cambiaría el curso de la vida – Acepto –
- Pues bienvenida seas a tu penitencia –

Su vida se la entregó a cambio de la de su marido. Hades se llevó a la mujer, y Alister comenzó a despertarse poco a poco. Lo primero que vio sus ojos fue su hija, una viva imagen de su esposa.

- ¡Oh padre, estás vivo! ¡gracias a los dioses! –
- Helena... – Alister la abrazó - ¿Y madre? –
- No lo se... estaba aquí, pero ahora no esta –

Alister tuvo un mal presentimiento. Se levantó del suelo con ayuda de su hija, y sintió un leve pinchazo en su muñeca. Ahí tenía una equis grabada a fuego, que para algunos era la señal de que le pertenecías a los dioses. Precisamente a Hades. Alister unió conceptos con la marca y la desaparición de su mujer.

- Tu madre... ¿ha pedido ayuda a los dioses Helena? –
- Únicamente lloraba por ti al cielo padre –


Así fue. Mi mujer, la persona más hermosa, mi musa de mi corazón y mi vida entera dio su libertad a Hades a cambio de mi vida, una segunda oportunidad... mi amada, ¿Qué podía hacer yo, en una segunda vida sin ella?, y marcado por los dioses, precisamente de Hades... Aquel día en que desperté marché a casa con mi hija, y a la noche, cuando todos dormían, me fui al acantilado donde mi mujer se entrego para pedir a los dioses que me traigan a mi amada de entre los muertos... pero a un precio bastante alto que dio mi mujer.


- ¡Zeus!, yo te rezo, un esclavo de Hades, un exiliado del inframundo solicita tu ayuda... ¡Por favor Zeus! ¡Zeus! –

Un trueno atravesó el firmamento como señal de su presencia. Una silueta bañada en luz se le apareció ante él. Alister no levantó la cabeza, y se quedo de rodillas ante el dios de los dioses. Zeus.

- Te imploro Zeus, mi mujer a cambio de mi eterno servicio, mi mujer a cambio de mi vida, por favor... –
- Mortal, Hades es el que debe entregarte a tu mujer. No puedo luchar contra el contrato del inframundo, solo debes aprovechar la oportunidad que se te ha entregado... –
- ¡Pero quiero que mi mujer vuelva!, ¡haré lo que sea, solo muéstrame el camino en su búsqueda! –
- Es una búsqueda peligrosa mortal, pero no imposible. El Inframundo está más cerca de lo que piensas, pero una vez que entras, no puedes regresar. No puedo ayudarte, pero aconsejarte podré – le explicó Zeus – No muy lejos de tu aldea, hay una mujer que cuya belleza oculta bajo una mentira... encuéntrala, ella será tu guía... –
- ¿Una mujer que oculta la mentira en su belleza?, Señor... –

Zeus desapareció. El cielo volvió a oscurecerse y los rayos invadieron el lugar. Alister tomo las palabras de Zeus como una puerta para abrir para recuperar a su mujer de las garras de Hades. Agarró su espada y la empuño con fuerza alzándola hasta el cielo.

- ¡Hades, voy a por ti! –


Si; me fui. Mi destino me esperaba en otro mundo, un lugar donde mi mujer aguarda a ser salvada, un lugar donde la muerte representa todo el temor de los mortales... os preguntaréis por qué digo mortales ¿no?... Bienvenidos a la era de Dioses.